viernes, 5 de julio de 2019

La realidad del verano

La interrupción es algo que molesta. Que desgarra. Que duele.
Lo sé. Sé que lo sientes..
Sé que te aterra, que te paraliza. Que te quita el sueño.
Amor mío, perdóname.
No es algo que yo haya podido contener. No he querido, nunca, relegarte. Dejar de amarte. Alejarte.
Yo quiero ambos, quiero amarte eternamente.
A tí
Pero quiero seguir siendo yo, ir y venir. Sentirme vivir. No quiero frenar.
Me interrumpes, me hablas, me desconcentras.
Te necesito en mi vida, pero lejos de mis noches. De mis pasos.
Te quiero aquí, pero más allá.

Ya sé, siempre fui una inconformista, con insaciables ganas de no caer en la rutina, egoísta y con ganas de más. Non é facile, lo só. Ma cosí sono io...

miércoles, 3 de julio de 2019

Vivir acompañado está sobre valorado


Conversaba yo con una vieja amiga, de estas que te conocen como si fueran tu propia madre, y le decía que, paradójicamente, echaba de menos mi casa de Milán. Su disposición, su silencio, mis momentos en esa casa, mi autonomía milanesa. 
Después de un silencio, ella me dice que me comprende. Hace una larga pausa, reflexiona, y emprende la elocuencia
-Esa es la ventaja de vivir solo… y la desventaja de vivir acompañado.
Para dar más intriga a su veredicto, hace una nueva pausa, mientras bebe de su copa el morado líquido.
-Vivir con alguien a quien se ama debe ser maravilloso… Sin embargo, creo que está sobre valorado.

(Gracias, era todo lo que necesitaba escuchar, amiga. He recibido la eucaristía en su máximo esplendor, tu bendición; ahora sí, hermana… ahora sí puedo irme en paz).

Tomemos como hipótesis, entonces, que la convivencia amorosa está sobre valorada.
Todo el mundo desea estar acompañado, que lo acaricien cada noche, lo besen con pasión y le hagan el amor como si fuera lo último que harán en su vida. Le regalen rosas rojas y lo esperen con una cena romántica, dos velas y una botella de vino italiano.
Todos queremos alguien que nos cuide, nos acaricie el pelo, nos despierte con un beso en los labios cada mañana y nos diga “buenas noches, te amo” cada noche.

¿Todos queremos eso?

¿Todos queremos, o la sociedad dice que todos debemos querer eso? Haciéndonos creer que necesitamos todo eso para estar completos, para ser una persona entera, y no, por el contrario, un medio limón (agrio, claro está­) caminando como gallo sin cabeza por las calles de una ciudad cualquiera, en un país cualquiera, en un mundo lleno de odio, egoísmo y globalización.

Ciertamente, ¿alguien se ha parado a pensar en el marketing que se le hace al amor conyugal? Y aquí me detengo a hacer una aclaración necesaria: No digo “al amor”, digo “al amor conyugal”, a la pareja, a la convivencia de dos personas bajo un mismo techo. Al lavarse los dientes juntos, ducharse juntos, apagar el mismo despertador, ir juntos al supermercado, al trabajo, a hacer deporte, a poner lavadoras y secadoras, almorzar juntos, volver del trabajo juntos, cenar juntos y, cómo no, tomar cervezas con amigos en común (obviamente), juntos.

Lo del pelo y los besos matutinos suena muy bien, pero ¿qué hay de la falta de espacio personal? ¿y de la asfixia inconsciente? ¿qué carajo pasa con el individualismo y la libertad personal?

Dónde está la delgada línea que divide la inaugural pasión por hacer todo juntos y la posterior saturación de esa pasión, el exceso de absorción de tiempo, espacio y energía.

Esto me lleva a preguntarme, ¿Cuánto dura la pasión inicial de una relación amorosa? ¿y de una relación conyugal (posean o no dichas víctimas anillos de matrimonio)? Porque, valga la aclaración nuevamente, uno puede poseer (nótese que la palabra “poseer” no es aleatoria) un conyugue, aunque no cargue con el peso de un anillo en su dedo anular. He aquí el quid de la cuestión.

¿Alguien se ha parado a pensar que esto de compartir tanto, es demasiado para los que, como a mí, el mundo nos ha destinado a ser hijos únicos?

sábado, 29 de junio de 2019

No seremos nosotros, mientras sigamos siendo tu y yo, por separado.


¿Ahora quién, si no soy yo?
Entenderé que nunca seré yo. Que nunca serás tú. Que probablemente mis sábanas jamás atraparán el perfume de tu cuello, que mi habitación nunca verá nuestra ropa por el suelo en la penumbra.
Aprenderé a no imaginarte por las mañanas, con una taza de café, mirando como me lavo los dientes con el pelo revuelto y los ojos medio cerrados.

martes, 7 de agosto de 2018

La insoportabilidad de la distancia en 100 canciones, 50 lágrimas y en tres millones de palabras...
VEN.

Mis ciudades favoritas se resumen en tí

Yo quiero Madrid contigo, malasaña a las ocho de la noche, un concierto improvisado en un bar de mala muerte, una sangria en pleno derretimiento global en julio, la soledad de agosto acariciando aceras de tu mano..
Quiero la madrugada de un sábado volviendo de saborear tus bailoteos, el vaivén de tu cuerpo con el mío en un garito perdido por la ciudad.
Quiero emborracharme mientras te miro, para redescubrirte desde otra dimensión y tener una buena excusa para que me sostengas al volver a casa.
No es que me muera por Madrid; muero por tí.
Si me dices deja Italia, vente a Washington, vámonos a Bogotá porque quizás en Buenos Aires encontremos un rincón para los dos, yo armo mi mochila: no te creas que tengo mucho que organizar.
Me apetece Buenos Aires, los parques de Palermo un domingo de tu mano; la recoleta un viernes por la noche, después de un duro día de trabajo; Puerto Madero el sábado por la noche con amigos, y tus besos desde un balcón de un edificio colonial con estilo francés. Me muero por caminar de gala por Avenida Corrientes, hasta la entrada del teatro y volar la noche porteña desde un helicoptero imaginable.
Quiero, una vez más, caminar el Parc Güell por la noche fría, mientras se me congela la mano por tenertela cogida. El Born una tarde cualquiera, y hacernos los turístas mientras zapateamos la Rambla. Llevarte al Bosc de les Fades y perdernos por Passeig de Gràcia mientras te confeso que me encanta volver a donde somos, a donde siempre me sentí, a donde nunca nos conocimos.
Si me llevas con los ojos vendados y me destapas el mundo frende al Lincoln Memorial me volverás a impnotizar, como la primera vez, como cuando jugamos a dar vueltas en bicicleta por la noche en búsqueda de quien sabe qué tesoro perdido... Pasear por Georgetown una tarde cualquiera e ir al teatro un viernes por la noche a ver otra obra de balet clásico (cubana, eso sí). Si me dices museos, I'm in; si me dices de ir al El Centro, yo me apunto. Y si decides hacer huelga de calle yo me aferro a tu decisión.
Vámonos a pasear por Nueva York, a infectarnos de luces, de ruido, de gente, de locos (just like us).
Vayamos al teatro, a la azotea, a comer grasiento, a tomar una copa, a celebrar este burbujeo de liberalismo que me repatea y del cual no podemos salir.
Vamos a celebrar que estamos juntos, que toca aquí pero que mañana, quién dirá!
Vamos! No se bien dónde, porque cualquier lugar es idóneo si es contigo.
Si estás conmigo, el paraíso eres tú y la geografía es una excusa.
Yo quiero Madrid contigo, para disfrutar de todo eso que nos gusta.
Quiero Washington, Barcelona, Nueva York y Buenos Aires.
Quiero agradecer a Tailandia, por el regalo.
Y a Myanmar por la sorpresa.
A Madrid por la sutileza y el despiste, por el ajetreo...
A Girona por la calidez, los besos con sal y el olor a casa.
A Galicia por su neblina y por tu titiriteo, excusa perfecta para abrazarte una vez más.
Gracias a Buenos Aires, por darme todo lo que soy, a Bogotá por haberme hecho descubrir que me encantan sus calles. Sus atardeceres.
A Latinoamérica por recordarme quién soy, de donde vengo y a donde quiero ir.
A Italia, por la posibilidad de descubrir mi propia gente; su idiosincrasia. Por recordarme lo que no me gusta y por reafirmar mis elecciones. Por su acento, que tánto me empezó a gustar y por esta lengua que me está regalando.
Yo me iría contigo a todos y ningún sitio a la vez.
Volaría eternamente enganchada a tu cintura,
siempre y cuando me asegures que me dejarás compartirte mi vida, para siempre.
And I will [always] thank my lucky stars for that night

domingo, 29 de julio de 2018

La insoportable posibilidad de no haber llegado nunca a cruzarme contigo.

Voy caminando y recordando aquella noche en la piscina de un hotel del norte de Tailandia, y la madrugada en el pasillo de aquel hotel, gustándonos, mirándonos y deseándonos.. hasta hacerlo realidad, dándole rienda suelta a nosotros mismos, al deseo.
Aún me entran cosquillas en la barriga cuando recuerdo el primer beso, tu mano escurriendose por debajo de mi pantalón, mientras mi espalda descansaba en tu pecho. Nuestras lenguas alborotadas buscándose, esquivándose, encontrándose... la osucridad de tus ojos penetrando el bosque de los míos, tus ansiosas manos investigándome centímetro a centímetro, recorriendo los kilómetros de distancia que nos habían estado separando... hasta aquel preciso momento, acercándome a la terrible improbabilidad de habernos cruzado en aquel fatídico viaje.

lunes, 11 de junio de 2018

..desde que empiezas a tenerlo claro.

Cada vez estoy más convencida de que muchas veces no estamos convencidas pero seguimos por miedo a frenar.
Qué bien hice en decidir.
Miro hacia atrás y veo, pero no siento. Tenía que ser algo diferente esto del amor.
Si el problema no era el amor en sí, sino el no haberlo sabido ejercer nunca.
El principiante que no sabe cómo se hace, cómo se siente, cuán intenso se puede hacer, si de a poco o bruscamente...
Entonces crees que todo lo que sientes está bien y es así. O asá. Pero correcto.
Que todo lo que puedes llegar a sentir, pese a no ser el máximo de tí, es correcto y será la forma más exponencial en la que llegues a querer. En la que te sepan amar.
Todo parece encajar, algún retoque de aquí, algun no me gusta de allá, pero es amor, y sexo, y abrazos. Y todo va bien, y nada puede haber mejor.
Y los años pasan,
y las experiencias calan,
y tus ojos no le pertenecen
y tu piel tampoco.
Y tu lo presientes, pero no te atreves a decirtelo. A enfrentarte. A cerrar este capítulo que jamás será completo, porque la historia no es la tuya, y el protagonista no es el adecuado.
Y así hasta que un día pasa una brisa fresca por tu lado, y te peina las pestañas.
Te desnuda elinconsciente
te besa el infinito
y te hace el amor al alma.
Y despiertas y eres otra.
Y no tienes forma de explicarte cómo ha ocurrido, qué ha sido, por qué él..?
No hay respuesta a tantas dudas. No hay dudas, y ésta es realmente la respuesta: no hay dudas.
El amor es todo, menos duda.
Es compenetración y brillo en los ojos. Son sonrisas empalagosas y comentarios de terceros.
Es falta de minutos, de horas, del tiempo entero del mundo.
Son ganas de apagar el mundo, de emparchar relojes. De parar el tiempo.
Deseo de acortar el tiempo a futuro,
de alargar la vida para tenerlo más contigo
Desear  darle de beber la vida infinita, para no perderlo jamás, para que viva diez vidas a tu lado, para que siempre le pertenezca a tu piel.
Amar es no saber cómo más incorporarlo a tu cuerpo y a tu vida. Es compartirlo en sólido y en líquido. Deshacerse uno en el otro y que aún así te sea insuficiente. Inyectarlo, impregnarlo, apretarlo, empujarlo, introducirlo, penetrarlo en tu vida; en tu alma.
También suelen ser lágrimas y un sonido a roto cada vez que te alejas, que te vas, que un avión, que nos vemos pronto, que el bus en marcha, que cuídate mucho, que te amo.

Domingo de re(mi)flexión

No logro comprender como es que cada vez que me siento a leer, las cosas se me atraviesan por el medio. Me aparecen listas de quehaceres entre las frases, se me evade el cerebro en mil cuestiones.
Todo eso, sin mencionarte. Por que lo tuyo ya no es sólo en mis lecturas; lo tuyo es una cosa de no parar, y sin permiso! Que si cuando cocino, cuando camino, cuando trabajo, cuando me acuerdo (deseádote) y me levanto (sin tí), cuando me entra un antojo de helado o de pizza, o de tí.
Descontandote a tí, el resto me dispersa, me aburre, me hace flotar en el aire, entre nubes blancas, sin nada dentro.
He detectado que mi atención no dura mucho. Cuestión que ya venía sospechando hace años, aunque me había dado cuenta del asunto, no había caído que se aplicaba también a las labores de concentración, sean estas lectura, estudio, escritura, cocina...
Me suelo aburrir rápido; ¿Será por eso que siempre busco algo más en que enchufar la cabeza? Constantemente el reto al que seguir, el desafío por el que estresarse, la motivación que te haga sentir viva, el peso del esfuerzo, el hartázgo... la adrenalina de conseguirlo.
Y será por eso que estoy ahora aquí, reviviendo el deja vu. Re-lustrando mis pazatos para seguir caminando, para mezclar las ideas, y zarcru mis clables. (Suele suceder que la dislexia, o la mala concentración me juegan siempre malas pasadas y ya no es solo el confundir letras, o el ir a pasear la mente un rato... sino también aquel despiste de haberme olvidado de lo que estaba hablando...
En conclusión.
La fresca no está mente. Ni hoy, ni desde hace ya meses. Yo rezo al dios de los días para que no pesen tantos (ojo, no he dicho para que pasen [rápido], porque sé que luego me arrepentiré de decir estas palabras), para que me empujen un poco, cual viento del levante, y no cueste tanto caminar hacia el futuro.
Pero la realidad es otra, y no te la voy a contar ahora porque de nada me sirve.
Llenarte la oreja y la vida de nimiedades que a ningún lado llevan...
Que de nada ayudan...
Que qué no daría yo por...
Que cuán dispuesta estoy a...
Que cómo deseo con toda mi alma que...
y así todos los días
y las noches.
Como un combatiente en guerra: preparar el cuerpo y la mente, perseverar, no perder el objetivo y sobre todo, agunatar. El cese de este auto conflicto bélico está cerca, muy cerca.



jueves, 7 de junio de 2018

Los miércoles tienen gusto a hinojo

Todo me sabe a hinojo.
La brisa entra por el balcón y me peina el pelo aún húmedo. Mis muelas muerden hinojo y mozzarella mientras mi mente piensa en otro lado, en otra boca y en otras muelas.
Me saben a hinojo tus labios, porque es como si estuviera aún allá, besándotelos mientras estoy aquí sentada en mi sofá.
Los días pasan como si saltar la cuerda se tratase. Uno, y otro, y otro..
Los planes me innundan la cabeza desde que te conocí; las ganas me invaden el cuerpo entero y tú sigues del otro lado del mundo.
¿Será que te alcanzaré el año que viene? Que cuando yo llegue al otro lado, tu seguirás allí.. ¿Te habrás ido más al oeste para cuando yo me vaya del este?
¿Cuánto tiempo más aguantaré despertándome sola?
Es una larga caminata, solitaria pero perseverante.
He delimitado mi objetivo y allá voy, camino a buscarlo. En el mientras tanto te extraño, a tí y a tus rulos. A tu risa y a tus manos. A tus ojos mirándome cuando me giro a mirarte y te encuentro infraganti observándome.
Como si fuera una vida, estás aquí incorporado a mí. A mi cuerpo, a mi alma.
Has logrado encursilarme como jamás me ha gustado. Has convertido mi cabeza en una máquina de soñar e imaginar. Has despertado mi instinto dormido.
Estás enseñándome a descubrirme, sola.
Estás enseñándome.
No encontraré jamás la alineación adecuada de palabras que puedas expresar de ningún modo posible todo lo que quiero llegar a decirte. No podré jamás describirte con letras todo esto que me desborda. Que me ha transformado en la que soy hoy, que en nada se asemeja a la de ayer, ni a la del agosto pasado.
Todo esto sucede mientras mi mundo sigue teniendo gusto a hinijo y yo deseo con todas las partes de mi cuerpo que estuvieras aquí para enseñarte a qué sabe hoy mi boca.


sábado, 12 de mayo de 2018

El (relativo) paso del tiempo

Que el tiempo pase es inevitable;
cómo pase el tiempo, es relativo.
Yo sigo sentada en este, mi vueno (no tan nuevo) sofá desde hace ya cuatro meses, los cuales han pasaro l e n t a mente rápido, y últimamente han comenzado a enrapidecerse aún más lento.
Es una cuestión de perspectiva, como todo en este redondo rincón.
Ahora parece ser que estamos llegando a la quasi mitad de esta quasi experiencia única e irrepetible.. (venga, dejñemonos de ironías)
Tú siempre muy a tu rollo, a tu lloriqueo inicial y delicia final. No piensas cambiar más, ¿no?
Pues a lo que iba.
Ahora empiezan a florecer los museos, los fuorisalones, los balcones con plantitas verdes y las sonrisas des las gentes pensimistas (mentirasss!) [Hay gente a la que nunca le florecen las sonrisas, qué triste].
Debo confesar que en cuatro meses, hay días en los que la pasta me cansa (se soluciona evitándola dos semanas, y retomándola, cual droga, dos después), el italiano me apetece y no extraño a nadie en este mundo.
El resto de días todo va al revés: me apetece hablar alemán, vivir en latinoamérica y comer codigo gallego todos los días. 
Es complicado ser una fluctuación personificada y al mismo tiempo encontrarme tan a gusto en mí misma. (Sonrío orgullosa).


Qué carajo es el enamoramiento?

Casi 30 años en esta cosa redonda que gira y gira, haciéndome más vieja, conociéndome más, coleccionando personas, nombres y apellidos con ...